El academicismo y un servidor no suelen entenderse (almenos a juzgar por mis pasos por la Universitat de Girona), más que nada porqué siempre he defendido la veritente autodidacta (siempre y cuando ésta se siga con rigor y esfuerzo) y que, a riesgo de sonar pedante o, peor, new age, los espíritus libres no deben aprender como esclavos; no almenos, en el sistema educativo que impera, el cual va de la mano de los valores del mercado y de su superficialidad y materialsimo más vulgares y arrogantes y que a uno le irritan sobremanera.
Sé que los ideales son difíciles de sobrellevar en nuestra cultura y tampoco pido un nuevo período ilustrado o romántico, pero bueno, no está de más, de vez en cuando, meter el dedo en la llaga, dar la nota disonante o ser la mosca cojonera que todos los alumnos miran con recelo, y no por pose o delirios de grandeza, sino por simple cuestionamiento de “evidencias” y acomodados dogmas que no pueden seguir el ritmo de nuestro tiempo pero que aún así, incomprensiblemente, se siguen como verdades absolutas.

Así pues, una nueva etapa me espera en EINA, realizando el postgrado de tipografía y diseño de página que tantas ganas le tengo! Estoy muy ilusionado por las buenas vibraciones que me transmite la institución y su emplazamiento. No tanto, tengo que reconocerlo, por el hecho de volver a Barcelona, una ciudad que ya había olvidado; aún así, me he fijado unos objetivos creativos que me harán verle la faceta amable y divertida a la Ciutat comptal.. o almenos eso espero. Además, la centralidad metropolitana me permitirá aprovechar los desplazamientos para pasearme por galerías de arte que hace tiempo tengo pendientes de visitar y que precisamente por pereza a irme a la capital, me suelo perder.
Y bien, todo ésto lo comento porqué como que estaré arriba y abajo todo el santo día (pensaba que superar mi dispersión geográfica era imposible, pero resulta que sí, aún estaré más descolocado y desarraigado que hasta ahora.. el nómada contemporaneo cargando su portátil donde sea que esté!) el ritmo de posts en éste diario (que, por otra parte, hace tiempo que reconozco que es un monólogo, pero éste es otro tema..) bajará notoriamente. Advertidos quedais, terrícolas.
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Anteayer y ayer asistimos a la edición número uno del Festival Blanc, el primer festival de diseño gráfico de Catalunya. El balance ha sido positivo, pero, como siempre, me gusta tratar de ser constructivo incluso cuando critico, así que aquí van unas cuantas reflexiones (no hace falta decir que totalmente subjetivas y carentes de profesionalidad periodística) sobre el evento y de algunos conferenciantes. Por lo que respecta a los workshops, no puedo opinar, ya que no me inscribí.

Lo mejor, como siempre, la gente que reencuentras y algunos que fortuitamente conoces, seguido de las agradables sorpresas que te llevas de ponentes que aún no habías tenido el placer de oir. Lo peor, las “conferencias showreel“, es decir, aquellas que sólo se basan en la muestra del trabajo o styleframes intercalando algún apunte de brief y, de vez en cuando, alguna broma de dudosa gracia. Un ejemplo de ésto fueron las de Dvein y Eumogràfic; los dos muy buenos en sus respectivos campos, pero nefastos oradores, más que nada por su monotonía tonal y previsibilidad, en el caso de los primeros y descafeinados rozando el sopor en el caso del los de Vic.

Remarco lo de las “conferencias showreel” porqué, pienso, los asistentes, cuando compran su entrada, esperan ver algo más de lo que se muestra en la página web de los respectivos estudios o agencias. No es que sea una cuestión de elevadas espectativas, es que es de cajón que debes ofrecer algo más y, sobretodo, acorde a la ocasión cuando te subes a la tarima.
Un ejemplo de lo que considero correcto por su frescura y amena exposición fue lo que escenificaron DoubleYou, SCPF, Folch studio o Summa, todos ellos excelentes en cuanto a transmitir su esencia de marca y experiencia empresarial aún optando por estrategias distintas cuando les tocó hablar durante los seseinta minutos.
Y si me tengo que quedar con una conferencia ésta fue, sin lugar a dudas, la que nos brindó Raúl Goñi. Conocía su trabajo de diseño inclusivo pero no su metodología. Brillantes tanto su trabajo como, a juzgar por su charla, persona.

Referente al auditorio donde se realizaron las conferencias, me pareció una solución de aforamiento acertada y, aunque había algún que otro fallo con la microfonía, el hecho de ofrecer traducción simultanea (catalán al castellano) y un diseño de iluminación cuidado le añade muchos enteros a la experiencia. A modo anecdótico, comentar que los ponentes iban introducidos por un grupo musical que tocaban en directo, algo, desde mi punto de vista, divertido y original.
Y quiero dejar constancia del aspecto que menos me agradó por parte de la organización. Éste es el poco tiempo, por no decir nulo, que había para el debate después de cada ponencia. Entiendo perfectamente que haya un timing y un protocolo, pero se tendría que haber contemplado desde la concepción de los horarios un mayor espacio para la participación del público, ya que en la mayoría nos quedamos con ganas de generar una mayor comunicación entre los asistentes y los ponentes.

Como dije, al final y pasado un día de reflexión, el balance positivo. Desde aquí un agradecimiento a los organizadores Raúl Ramos y David d’Eboli por crear el evento y por permitirnos disfrutar de éstos pesos pesados en un ambiente próximo y confortable.
Sólo nos resta ver si la edición del próximo año (en caso que lo hayan planteado como anual) seguirá siendo en Vilanova i la Geltrú y si conservará el formato medio en cuanto a asistentes, es decir, si seguirá siendo un evento mediano y, digamos, familiar, o mutará a algo más grande por lo que refiere a aforamiento. Veremos…
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No voy a repetir el eslogan que se ha difundido hasta la saciedad para “amarillear” la presente edición del Visa pour l’image de Perpignan, pero, sensacionalismos aparte, razón no les falta. En un contexto de crisis global (alimentaria, ecológica y, sí, también económica) y de una mutación de los medios (exclusivamente de los masivos, ya que, por suerte, hay muchos otros canales independentes y libres que cojen fuerza), los espectadores también van cambiando de una forma imperceptible si los encaramos desde el día a día, pero de una manera muy notable y trascendente si lo comparamos con los patrones periodísticos y tecnológicos de, tan solo, cinco años atrás. Todo se acelera. Y quien no pulse el Fast Forward está en una delicada situación ante la real amenaza de sucumbir frente al torbellino (des)informativo actual. Muchas, me atrevo a calificar de demasiadas, fuentes informativas distraen, frivolizan y anestesian a los tele-videntes mediante sesgados y superficiales análisis, alejandolos del bullicio político y el drama humano de millones (y millones) de seres humanos que no salen en las primeras páginas ni, aún menos, en los suplementos deportivos. Sí, la cosa está mal, pero sólo depende de nosotros, mediante nuestra curiosidad y solidaridad, el ejercer el derecho de informarnos verazmente. Requiere tiempo y esfuerzo, factores que escasean, pero las recompensas son enormes y más que necesarias para la Justicia.

Pues eso, que cada año que me escapo hacia la vila francesa, más disfruto y me convenzo que, pese a las adversidades del periodismo actual, debemos seguir luchando por y para el arte fotográfico y su utilidad última, la de sacudir conciencias y ejercer una incómoda presión social y política.
Para los que os la habeis perdido, recordad que como cada año, aunque no sea lo mismo, el World Press Photo lo mueven hacia el Centre de Cultura Contemporanea de Barcelona; estad atentos y que no se os pase!
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Hola mundo!
empieza la navegación de éste humilde blog. En él, vamos a ir referenciado del infinito eco cibernético, que ya forma parte ineludible de nuestra existencia, lo que nos gusta (esté o no de actualidad) y lo que vamos haciendo en el estudio (y aunque no sea estrictamente trabajo, también tiene cabida). Así pues, soltamos amarras y partimos hacia nuevos horizontes.
 
